Moja da
No, don’t worry, prometo no venir con esa cantinela, a quién le interesa? Pero no puedo dejar de decir cómo me encanta la lluvia, cómo me gusta dejarla entrar en mí, q me cubra. Esta noche, te juro, dormiría en el patio y me dejaría ahogar por esta bendición.
De todas formas… el agua para unos spaguettis está puesta, una salsita liviana ya lista, ya q alguien se digno a llamarme por teléfono y amenazó con venir: “Llevo el vino y el postre, ¿qué querés?” me preguntó. Yo pensé: si realmente venís vos serás el postre y la única comida que desearé probar toda la noche.
Mamma mía, que vieja que estoy. Mier…..
Lo que se percibe
Salí al patio, me senté en la galería y dejé que las ráfagas de viento trajeran esa agua q me fue empapando de a poco.
Encendí un cigarrillo de la mejor manera posible y me quedé allí un rato, ¿una hora, dos? Me quedé pensando en nada y pensando en todo, hasta q sentí tu mano y tu voz: “Qué hacés acá? Te vas a pescar una angina o algo peor”, y tu mano traía una toalla, y tu mano me llevaba hacia adentro, hacia el dormitorio, y me empezabas a secar la cabeza, mientras me besabas…
Sentí el calor en el dedo, la brasa del pucho estaba allí pegada. La apagué con saliva, miré el dedo quemado y miré a mi alrededor. Me levanté del sillón de jardín, enfilé hacia el dormitorio, de allí al baño, donde empecé a secarme la cabeza, mientras registraba en el espejo la soledad de las arrugas, y como las canas van ganando su espacio.